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sábado, 14 de noviembre de 2015

Oannes



Alejandro Polyhístor (100 AEC – 40 AEC), fue un erudito griego que reprodujo los escritos de Beroso sobre la obra de Oannes:

“Beroso, en su libro primero sobre la historia de Babilonia, nos informa que vivió en la epoca de Alejandro, el hijo de Filipo y cita que se conservaban con el mayor cuidado en Babilonia documentos escritos, que abarcaban un periodo de quince miriadas de años. Estos escritos contenían la historia de los cielos y del mar: del nacimiento de la humanidad…

En aquellos tiempos, había en Babilonia una gran cantidad de personas de distintas naciones, que habitaban Caldea y vivían sin orden ni concierto, como las bestias de campo. En el primer año, de la parte del Golfo Pérsico que bordea a Babilonia, apareció un animal dotado de razón llamado Oannes. Su cuerpo era como el de un pez, tenía una cabeza humana y arriba otra de pez, y asimismo, más allá de la cola de pez, se extendían sus pies humanos. También su voz era humana.

La bestia pasaba el día entero con los humanos pero no ingería comida alguna. Le brindó a los hombres el conocimiento de las letras y las ciencias y técnicas de todo tipo. También les enseñó como fundar ciudades, establecer templos, legislar leyes y medir la tierra. Asimismo, les reveló la siembra y la cosecha de frutas, y en suma, les develó todo lo que involucra la vida civilizada.

Desde aquel entonces, tan universales fueron sus enseñanzas, que nada se ha necesitado añadirles para mejorarlas. Cuando el Sol se ponía, la bestia volvía al mar para pasar las noches en las profundidades, dado que era un ser anfibio. Con el tiempo, otras bestias aparecieron.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Mito y Tauroctonía

El Mitraísmo fue aquella religión que en un cierto momento amenazó el triunfo del cristianismo. Como bien escribió Renán “si el cristianismo hubiese sido detenido en su marcha por alguna enfermedad mortal, el mundo habría sido mitriaco.” El culto del dios sol-Mitra pasó directamente del mundo indo-ario al latino, su vehículo de expansión fueron las legiones romanas que lo acogieron muy entusiastamente pues se trataba de un dios protector de los guerreros, rasgo que lo acompañó siempre e hizo de su religión un culto vinculado a la milicia. Esta religión, que embriagara a las legiones romanas, pasó a la plebe y a las clases superiores llegando a contar con el favor imperial. Cómodo se hizo iniciar en las ceremonias sangrientas de la liturgia y entonces los altos dignatarios del Imperio siguieron su ejemplo y se convirtieron en celosos guardianes del culto al dios-sol Mitra. Mitraísmo y Cristianismo lucharon con dureza a causa justamente de sus analogías . El clero mitraista reprochaba a los cristianos que tomaban de su religión muchas cosas, entre otras que plagiaron, en su purificación por la sangre del cordero, la purificación por la sangre del toro. Sin embargo el cristianismo, tras muchos combates, termina prevaleciendo; el emperador Constantino se convierte a la religión de Cristo dándole un enorme impulso. En cuanto pueden, los cristianos, a su vez se convierten en perseguidores y dan muerte a los mitraistas. Pero este culto solar estaba profundamente arraigado; el cristianismo tuvo que conservar e integrar elementos de la religión del dios-sol Mitra, para conformar un sistema en mayor o menor medida sincrético, como son sincréticos todos los sistemas culturales. De ahí viene, tras muchas confrontaciones marchas y contramarchas, una especie de entendimiento entre la Iglesia Cristiana y la supervivencia tauromáquica del mitraísmo. La fe en el toro muerto santamente pasaba del taurobolio y del mitraísmo al culto cristiano. 









lunes, 28 de septiembre de 2015

SIMBÓLICA DE LAS ARTES LIBERALES: Tercera parte.



La Astrología describe la forma cósmica, su arquitectura ideal y su devenir formal y lleva implícita la idea de jerarquía y de orden armónico. Se trataría en realidad de los grados de la Existencia Universal, simbolizados naturalmente por las esferas planetarias a las que se ve como orbitando en torno a un centro que podría identificarse con el "motor inmóvil" de Aristóteles y que aparece como centro del cosmos y como su solución. En el cielo astronómico sería simbolizado por la estrella Polar, único punto que permanece inmóvil mientras la bóveda entera gira a su alrededor y en otro plano por el sol, que da la luz y el calor a la tierra.

El cielo, así como la tierra, es el gran espejo donde el hombre contempla la expresión simbólica de sus mundos internos y precisamente la lectura que tenga de la realidad que aquellos simbolizan lo ubica efectivamente en una esfera o plano, otorgándole su identidad, pues como se sabe uno es lo que conoce, aquello con lo que se identifica. Queremos decir que esos estados del ser pertenecen más bien al mundo interno, inteligible, y que es por la transmutación del alquimista que el cosmos podría ser trascendido. A la forma de la montaña, que es también un símbolo de la forma cósmica, la complementa la de la caverna, que se asimila al corazón. Exterior e interior serían dos aspectos de una sola realidad, que se resuelven en el conocimiento.

Se dice que la Astrología está regida por Saturno. A este planeta y deidad mitológica, le corresponde en el Arbol de la Vida cabalístico lasephirah número 3, Binah, Inteligencia de la que él es un símbolo planetario y mítico. Ella, que puede verse en su realidad universal como reflejando sólo a lo Uno, marca el límite cualitativo de lo manifestado, devolviéndolo todo a la Unidad inmanifiesta y rigiendo simultáneamente el orden de las esferas, que la expresan en su jerarquización y concentricidad, como emanaciones del Uno, que se refleja a sí mismo en el cosmos. Se puede entender entonces que se considere a Saturno regente de la Edad de Oro, cuando los distintos estados no se comprenden en modo sucesivo (o no se excluyen, puesto que son en presente) y la oscuración cíclica no ha ocultado la identidad esencial entre el cosmos, la deidad y el hombre, época mítica que es también un estado -el de hombre verdadero- cuyo "lugar" simbólico es el que se conoce como Paraíso terrestre, el Pardés de la tradición hebrea, o la comarca suprema, Paradêsha de la tradición hindú.

Al número 3 corresponde la forma geométrica del triángulo, imagen sintética de la manifestación que no ha perdido de vista el Principio producida por el reflejo del punto original en los innumerables puntos de la base, que no son sino la posibilidad de todas las criaturas, que en lo cósmico serán otros tantos estados del ser. Entonces, el movimiento celeste de Saturno, el más lento, luego el más próximo al centro, expresa a su manera la "operación" más que atemporal -generada por la Sabiduría divina Hokhmah, la sephirah número 2- que reúne a las cosas con su principio y que en nuestro tiempo está inmanente en el instante, virtualidad de lo que no transcurre. Es desde el punto de vista del ser identificado con el devenir y que ha perdido el "sentido de la eternidad" que Saturno aparece como el tiempo que pone fin a su existencia (de ex-stare = ponerse fuera) relativa.

En el cielo de Saturno -el séptimo de los nueve que figuran en La Divina Comedia- Dante ve, "Dentro del cristal que, rodeando al mundo, lleva el nombre de su querido señor, bajo cuyo imperio permaneció muerto todo mal, una escala del color del oro en que se refleja un rayo de sol y tan elevada, que mis ojos no podían seguirla. Vi además bajar por sus escalones tantos resplandores, que pensé que todas las luces que brillaban en el cielo estaban esparcidas allí." En ese cielo, al que llega conducido por Beatriz, es donde Dante conocerá -por boca de un "contemplativo": San Pedro Damiano- que "su elevado deseo se realizará en la última esfera donde se realizan todos los otros y los míos, y donde todos son perfectos, maduros y enteros: en aquella sola esfera todas sus partes permanecen inmóviles, porque no está en un sitio, ni gira entre dos polos, y nuestra escala llega hasta ella, lo que hace que la pierdas de vista".

El módulo del ternario se expresa de múltiples maneras y aspectos. Centro, circunferencia y el radio que los une constituyen el esquema motor de cualquier ciclo o estado, que podría verse siempre como una particularización del ciclo universal cuya espiración produce todas las cosas trayéndolas de lo inmanifiesto a lo manifiesto y cuya inspiración las devuelve a su origen. Ese movimiento de expansión y contracción, presente a la vez tanto en la respiración como en los latidos del corazón del hombre, se recoge en la Cábala en su dimensión universal en la teoría de la Tsim-Tsum, según la cual el Infinito hace un lugar en sí mismo en el que puede entonces manifestarse el cosmos.

Esos dos extremos de la manifestación serán los que en el simbolismo zodiacal se figuren con los dos solsticios, Cáncer y Capricornio, a los que se considera entonces como dos puertas, una que da a la manifestación, a la existencia como ser particular, la puerta de los hombres, y otra, la puerta de los dioses, que corresponde a la salida del cosmos y la identificación con lo inmanifestado.

La teoría (de theorein = contemplar) de los ciclos está desarrollada sobre todo en la tradición hindú, que recoge ciclos tan extensos o tan pequeños, con respecto al hombre, que exceden cualquier esfuerzo imaginativo y devolviéndonos al presente proporciona también la idea de un ciclo prototípico o arquetípico, un ciclo simbólico que ya no puede entenderse en forma sucesiva. La antigüedad clásica también conocía algo semejante puesto que hay referencias de las cuatro edades de la humanidad como edad de oro, de plata, de bronce y de hierro. A ésta última -y a un estado avanzado de ella- correspondería el estado contemporáneo, caracterizado por una pérdida u ocultamiento de la tradición. También, al principio del ciclo corresponde la montaña, luminosa y evidente, y al final la caverna, oscura u oculta, imágenes ambas del centro espiritual. Queremos destacar aquí algo que se relaciona también con la aritmética o numerología sagrada: la proporción de las duraciones asignadas a esas eras o "edades" que constituyen el ciclo de una humanidad y que es la de 4 (edad de oro), 3 (plata), 2 (bronce) y 1 (hierro), en la que podemos ver que la primera aparecería como completa o entera representando la integridad del ciclo y las demás suponen una pérdida u oscurecimiento de alguna dimensión de él. Así como se puede ver que, al ser su suma 10, y 10 = 1 + 0 = 1, el ciclo entero, considerado como sucesivo, no es sino una modificación aparente de su unidad esencial, transcurso que sin embargo es causal respecto al encadenamiento cíclico.




Tenemos que decir aquí, que estos datos tradicionales, como los que pertenecen a la doctrina de los ciclos cósmicos, forman parte del corpusde la Tradición, transmitida como una herencia sagrada desde la noche de los tiempos. Que el hombre individual no podría inventarlos y ni siquiera descubrirlos, pues proceden de una dimensión suprahumana y suprahistórica. Si podemos conocerlos es gracias a la obra de quienes, precediéndonos en la historia, se manifiestan como las voces que vehiculan una Enseñanza, o unas Ideas que se refieren al Principio mismo, y que pueden así tender un puente que permita la salida de la rueda de las cosas.

La posibilidad de este viaje de lo periférico y siempre cambiante a lo central e inmutable tiene que ver con la ciencia de las transmutaciones, la Alquimia. Se trata de la transmutación (más allá de la mutación o cambio) integral del hombre que pretende el conocimiento, o que pretende ser, entendiendo esto como el logro de la identidad original.

Se trataría de una regeneración de su psiqué, entrenada por la cultura en que ha nacido para una visión profana de sí mismo y del mundo, según unos patrones que en general están invertidos con respecto a la verdadera naturaleza de ambos.

Es evidente que para que eso sea posible, algún eco ha de despertar en su interior el mensaje tradicional, por muy lejano que le pareciera al principio el asunto, si es que ha tenido la "fortuna" de entrar en contacto con él, que devuelve a aquél que puede recibirlo con la disposición adecuada, el conocimiento de la esencia simbólica de la existencia y la posibilidad de trascenderla.

La Alquimia considera los metales como la coagulación simbólica de sus arquetipos celestes, como la posibilidad de un hombre nuevo, dormida u oculta en el interior del hombre viejo. Sería posible entonces una labor transmutatoria de lo grosero en lo sutil, del "mercurio vulgar" o de la lectura literal y profana de la realidad, en el "mercurio de los sabios" revelador del Sí mismo y agente de la medicina espiritual.


lunes, 14 de septiembre de 2015

El tarot de Carl Jung

Se ha dicho que el psicólogo suizo Carl Jung descubrió “el Tarot interno” en la mente humana, con su concepto de arquetipos. Lo mismo se puede decir que el Tarot era ya un substrato en la historia de la mente colectiva en el cual se podían encontrar los arquetipos –las imágenes primordiales que constituyen la constelación psíquica del ser humano.
En la baraja de 78 cartas, como en los 64 hexagramas del I-Ching, se cifra un universo mental mutante, a través del cual se pueden formar predicciones. “Podemos predecir el futuro cuando sabemos cómo ha evolucionado del pasado el momento presente”, dijo Jung. Esta evolución del instante presente está concatenada al pasado, de la misma forma que la mente consciente está supeditada al inconsciente: la carta del Tarot o el hexagrama son manifestaciones visibles de este ámbito, una suerte de sincronicidad que se obliga a surgir a la superficie, pero que requiere, al igual que un oráculo, una interpretación acertada.


En 1933, en un seminario, Jung habló sobre el Tarot (según documenta el libro Visions: Notes of the Seminar given in 1930-1934 by C. G. Jung, Princeton University Pres 1997).
Estas cartas podrían ser el antecedente del popular conjunto de naipes que usamos para jugar, en las que el rojo y el negro simbolizan los opuestos, y la división de 4 –tréboles, espadas [o picos], diamantes y corazones— responde también al simbolismo de la individuación. Son imágenes psicológicas, símbolos con los que uno juega, de la misma forma que el inconsciente parece jugar con su contenido. Se combinan en cierta forma, y las diferentes combinaciones corresponden al desarrollo lúdico de los eventos de la historia de la humanidad.
Existe cierta disputa sobre el origen del Tarot, y si este precede a los naipes que se usan cotidianamente con fines lúdicos. La versión aceptada es que el Tarot en realidad es posterior; sin embargo, versiones ligadas al misticismo hablan del Tarot como del “Libro de Thoth”, y datan su origen a los misterios egipcios. De cualquier manera el diseño de sus arcanos se pierde en la historia –con una raíz ominosa que resurge en los juegos de magos modernos como Aleister Crowley o Alejandro Jodorowsky.


Una de las aportaciones de Jung a la psicología es trazar un paralelo entre los procesos mentales y los procesos de la alquimia en su búsqueda de transformar (simbólicamente) la materia en oro. De igual forma el suizo vio en el Tarot un juego alquímico:
En el Tarot tenemos la figura hermafrodita del diablo. Esta sería en la alquimia el oro. En otras palabras, tal intento por unir los opuestos para la mentalidad cristiana aparece como diabólico y prohibido, perteneciente a la magia negra”. El Tarot, recordemos. está ligado a los gitanos, a su vez percibidos por la mentalidad cristiana como adeptos a la magia negra.
Si uno quiere imaginar el proceso simbólico, la serie de imágenes que se encuentran en la alquimia son buenos ejemplos… También parece que el conjunto de imágenes en las cartas del Tarot desciende distantemente de los arquetipos de transformación, una perspectiva que me ha confirmado una lectura del profesor Bernoulli. Este proceso simbólico es una experiencia en imágenes y de imágenes. Su desarrollo usualmente se manifiesta como una estructura de enantiodromia, tal como ocurre con el I Ching y como tal se presente en un ritmo de positivo y negativo, ganancia y perdida, luz y oscuridad.

La enantiodromia es un término griego usado por Jung, e implícito en la filosofía de Heráclito, para significar aquello que se torna en su opuesto. En cierta forma este es el proceso perenne del movimiento, necesario para la salud psíquica. El Sol debe convertirse en la Luna; este es el ritmo de la vida, en cuya coincidencia de opuestos yace la alquimia.






domingo, 13 de septiembre de 2015

RELIGIONES, Egipto, primera parte.




En Egipto hubo una pluralidad de dioses tan complejos cono la sociedad que le engendro, Hathor una mujer con cuernos de vaca era la Diosa de la fertilidad; Hathor era el equivalente a la diosa griega afrodita y para los semitas como Astoret, (madre de Baal), probablemente los hebreos adoraron al becerro dorado, imagen alusiva a la Diosa Hathor.

Sekhmet se le describe como una mujer con cabeza de leona, es la diosa de la guerra y la magia, Selkis su hermana tenía cuerpo de escorpión, y era se dice que fue la diosa del matrimonio, se le considera como una diosas benévola, que prevé de ciertos males , como también el poder de dar o quitar el aliento. Entendemos entonces que el universo tiene una cara buena y otra mala, del que se requiere un equilibrio que solo dan los dioses.

Sus dioses nacieron junto con Egipto. Cuenta el mito que en el inicio la tierra estaba inundada y solo existía oscuridad, pero la tierra emergió hacia la superficie, allí surgió Egipto junto al rio Nilo, y la iluminación se originó junto a Jnum el hermano de Ra. La creación para el antiguo Egipto es un hecho que se repite a diario, es la renovación cíclica, la lucha del bien y del mal.

El pilono es una construcción con forma de pirámide recortada en la parte superior, constituida por dos columnas, y en el centro la entrada se alineaba con la salida del sol, en sus muros hay inscripciones de las luchas de Ra con Apofis, un ser parecido a Illuyanka.


La gran serpiente se le había encomendado matar a Ra para detener el ciclo cósmico, donde el atraviesa el Nilo en su canoa, de occidente a oriente para traer la luz.

     Se sabe que en Egipto la religión no fue compacta, y existen gran cantidad de deidades, y mitos cosmogónicos que se diferencian de cada localidad, pero aun así los elementos de la existencia eran comúnmente cinco: el nombre, la sombra, el aj, el ba, y el ka.

El Aj se le representaba con un ibis eremita, el aj en un principio solar, indispensable para llegar al más allá.
El ba es un vehículo de poder, del que importaba si la persona estaba viva o muerta, al ba se le representa con un pájaro con cabeza humana, el ba se retiraba del cuerpo en la muerte, pero llegaba con la momificación, el ba permite la adopción de múltiples formas y es un portal de la vida terrenal y el más allá, por tanto los dioses poseían muchos ba, que les daba la facultad de adquirir muchas formas, así el ave que los griegos interpretaban como fénix, era el ba de Osiris y en el cielo ser Ra. El Ka es la fuerza vital de los seres, el ka es proporcional al poder y es el complemento que permite la perduración en el más allá.   

sábado, 5 de septiembre de 2015

El Cábala

  Cábala es la recepción de lo que fue transmitido por la tradición, es por ello que puede traducirse como transmisión o tradición. Ezequiel tuvo una visión en donde vio en los cielos a Dios en su trono (Ezequiel  1-28) la imagen que fue vista por Ezequiel, posteriormente llamo la atención de algunos eruditos Judíos, que en sus estudios intentaron conseguir las verdades de esta imagen, los judíos quienes buscan encontrar la experiencia divina, buscan encontrar una experiencia similar a la de Ezequiel.  En el siglo II de nuestra era, el imperio romano dominaba una parte de Europa  y lo que era Israel, la persecución de los judíos por parte del imperio los obligaba a huir  y y escondersen.
  Shimon bar Yojai, fue un rabino, al que se le condenó de muerte por enseñar la Torá, por tal motivo busco refugio en una cueva por trece años, en donde continuó su meditación, sus seguidores siguieron sus enseñanzas, y por tanto buscaban la cercanía con Dios, para ello, los monjes acudían a prácticas que los llevaran al trance, esto fue consignado en el Torá, los místicos advierten que estas prácticas son muy peligrosas.
Existen diez sefirot que se ordenan siguiendo un esquema llamado “árbol sefirótico”. Cada sefirah está enlazada con las demás mediante unos hilos o canales que van de la más sutil, Keter, la corona, a la más concreta, Malkut, el reino. En los árboles sefiróticos que aparecen en la imagen, las sefirot aparecen ordenadas en tres columnas verticales, la de la izquierda expresa el rigor, la de la derecha, la misericordia, y la del centro, la justicia. Ésta es la más larga, pues une la corona con el reino, como la escala de Jacob unía lo más alto con lo más bajo.[1]   



































[1] http://www.arsgravis.com/?p=93

sábado, 29 de agosto de 2015

El Mito en el Popol Vuh

 En las culturas tradicionales de México, se hablaba de la ciudad celeste, una ciudad que se encontraba habitada por los Dioses, aquellos que fueron los antecesores del hombre, estas familias no son históricamente hablando, los antecesores de la humanidad sino que tal genealogía  supone la construcción simbólica de una familia ancestral.[1]
  Federico Gonzalez afirma que algunas etnias han tomado algunas costumbres.
“Actualmente los grupos Triquis, comunidad cerrada y tradicional de Oaxaca veneran a sus antepasados, a su 'linaje', al que entroncan directamente con la ciudad celeste, u otro mundo donde viven, venerándolos especialmente el día de los difuntos cristianos. La ciudad celeste es un espacio distinto, un país que coexiste con el nuestro, una patria de cuerpo espiritual en donde habitan los dioses, y los difuntos. Una realidad impalpable que ya conocían los egipcios”

Gonzalez cita a Hermes Trismegisto, en el Corpus hermeticum, una frase que dice: “¿Ignoras, oh tú Asclepio, que Egipto es la imagen del cielo y la proyección en este mundo de todo el ordenamiento de las cosas celestes?"      
Estas culturas, son conscientes que son descendientes del reino celestial, y tal pensamiento ha perdurado a través del tiempo, para Swedenborg, el lazo que une a estos pueblo con el mas allá, es la razón que cimenta la vida tribal,  su mundo terrenal es para ellos el reflejo menos perfecto del reino celestial. Es de igual manera la India para los hindúes y el Celeste Imperio para los chinos, estos hábitos culturales son el denominado de un arquetipo debido a la universalidad que se extiende en distintos pueblos, como también el culto hacia los ancestros.
Es conocido que el Mito es el génesis, que es universal en la mayoría de las creencias, donde se acude a algo desconocido para construir el fin, por la intervención del ritual, y por medio del símbolo que lo revela, encontramos la puerta a reino celestial, la cosmogonía es la verdad especulativa que está solamente en el presente. El chamán es un puente, es el hombre elegido para unir el mundo conocido con lo desconocido.[2]

 El Mito pertenece a otra realidad y a otro tiempo, solo hay vestigio de el, en el símbolo y se hace permanente en el significado del ritual, esto conlleva a la contemporaneidad del mito, por lo que el alma re-genera.
 El Popol Vuh es un libro del pueblo maya-quiché, el cual lleva  escrito “génesis”  y además de rituales.  Los relatos cosmogónicos son el esfuerzo de registrar la tradición oral, estas costumbres tal parece son comunes en la mayoría de los pueblos indígenas de Mesoamérica; Gonzalez lo describe como las similitudes arquetípicas, y resalta que el rito que se encuentra en las culturas de todo el mundo, es la invitación al hombre a la limpieza espiritual, con el fin de alcanzar a un nuevo ser.  Encontramos en la historia de la cultura las manifestaciones jeroglíficas, la tradición oral, y el libro sagrado, que han hecho parte de la naturaleza arquetípica del pueblo, en el Popol Vuh la transmisión oral de su contenido, como la danza y toda la teatralidad componían el ritual sagrado.
 Gonzalez divide la lectura del mito en tres categorías, a (cosmogónica, ontológica, metafísica) b (psicológica, emotiva) y c (naturalista, emotiva, motora) él afirma que esto no interfiere, y por lo tanto cada uno tiene un lenguaje directo para cada quien. El  Popol Vuh alguna vez fue memorizado por todos, pero en la actualidad sus rituales se practican en forma fragmentada en algunas zonas de Guatemala. Gonzalez concluye exaltando el poder de la tradición, donde la luz hace su aparición,por consiguiente de cuatro creaciones sucesivas surge en el quinto sol el hombre moderno [3].


                                                                        Tonatiuh, el dios del Quinto Sol









[1] De igual modo, la genealogía de los incas, que ha sido estudiada sagazmente por Imbelloni. Asimismo las fechas y los hechos señalados en los jeroglíficos mayas tienen carácter simbólico, sin dejar por eso de ser históricos. Se trata de historias míticas y mágicas de sentido cíclico-rítmico expresadas de manera ritual y de modo mnemotécnico. La historia y la geografía sagrada han sido propias de todos los pueblos tradicionales. Sin ir más lejos recordemos las genealogías bíblicas, las edades y acontecimientos que allí se narran, y los lugares geográficos-simbólicos presentes en los mitos griegos.

[2] "En las tierras bajas tropicales de Centroamérica, al igual que en determinados lugares de África y Asia, tales individuos (los reyes-chamanes) fueron considerados de origen divino porque era creencia cierta que descendían en línea directa de los dioses fundadores de la sociedad, los primeros padres u hombres creados; la historia de esos antepasados era narrada en los mitos y sus nombres mencionados en las inscripciones como fuente de la legitimidad de la dinastía". Miguel Rivera Dorado. La Religión Maya, Alianza Universidad, Madrid, 1986.

[3] Gonzalez nos muestra la similitud de una cultura que estuvo separada del viejo mundo, y a pesar de ello comparte muchas de las costumbres del pueblo hebreo, los grecorromanos y el budismo-hinduismo. Esto es lo que dice en sus palabras “Pero lo verdaderamente interesante es que para una mentalidad arcaica eso está sucediendo siempre, o sea en este mismo momento, por lo que aquella creación arquetípica que narra el mito no es sino una realidad viva ahora, de la cual la naturaleza misma de los fenómenos, seres y cosas nos habla constantemente”.

viernes, 28 de agosto de 2015

psicología Junguiana


Conceptos esenciales en la psicología Junguiana






  Partiendo de la idea freudiana de inconsciente, Jung propuso la existencia – basado en sus estudios sobre mitología universal y el análisis de cientos de sueños – de lo “inconsciente personal” bastante similar al inconsciente freudiano; y de lo “inconsciente colectivo”, raíz y esencia del psiquismo, constituido por estructuras arquetípicas resultantes de los momentos emocionales esenciales de la humanidad. Allí está la arquitectura de los arquetipos que, luego, cada cultura, en todos los tiempos, da a luz: Dios, lo Demoníaco, el Bien, el Mal, el miedo a la oscuridad, el Héroe, el Anciano Sabio, la Diosa, la Doncella, la Gran Madre y tantos otros.
Veamos algunos conceptos específicos que hacen a la concepción de la psique en la obra de Carl Gustav Jung (1875 - 1961)                                                     
Partiendo de la idea freudiana de inconsciente, Jung propuso la existencia –  basado en sus estudios sobre mitología universal y el análisis de cientos de sueños –  de lo “inconsciente personal” bastante similar al inconsciente freudiano y de lo “inconsciente colectivo”, raíz y esencia del psiquismo, constituido por estructuras arquetípicas resultantes de los momentos emocionales esenciales de la Humanidad. Allí está la arquitectura de los arquetipos que, luego, cada cultura, en todos los tiempos, da a luz: Dios, lo Demoníaco, el Bien, el Mal, el miedo a la oscuridad, el Héroe, el Anciano Sabio, la Diosa, la Doncella, la Gran Madre y tantos otros.

Jung describió algunos arquetipos muy peculiares, como el Ánimus, aspecto psíquico masculino que, originado en lo inconsciente colectivo, habita en la mujer, y el Ánima, aspecto psíquico femenino presente en el varón.
Sobre los arquetipos, Jung aclara en “Símbolos de Transformación”, una de sus obras fundamentales, que: “... no he descubierto un rasgo hereditario propio de una raza, sino un carácter humano universal. No se trata de representaciones mentales innatas, sino de una disposición funcional a emitir las mismas ideas o ideas muy semejantes. Llamé, posteriormente, arquetipo a semejante disposición”.
La clasificación junguiana de los sueños ensancha su horizonte en los no compensatorios. Se incluyen en éstos a los arquetípicos, anticipatorios, traumáticos, proféticos, en paralelo y parapsicológicos.
Para el análisis de los sueños utilizó el método de amplificación, dándole al soñante un papel activo en la interpretación, siendo el analista un colaborador que no debe imponer ninguna idea. Jung se basaba en la premisa de que el primer sueño relatado en análisis suele mostrar, habitualmente, una visión del problema en cuestión y un esbozo de la forma en que habrá de resolverse. Sostuvo, también, que de ninguna manera hay que interpretar un sueño por sí solo porque, en general, pertenece a una serie que responde a la continuidad inherente a los procesos inconscientes, que es mucho más estricta que la que se da en los procesos conscientes.

Su idea de libido difiere de la de Freud en este sentido: acepta que en los principios de la Humanidad, cuando lo animal prevalecía en el hombre la libido era sexual, pero, conforme nuestra especie fue diferenciándose más y más de los animales, esa energía fue modificándose hasta la actualidad, por lo que aquella carga instintiva desapareció casi totalmente, siendo la libido, hoy en día, una energía psíquica por sí misma, sin correlato con lo sexual; energía que responde al impulso cultural y a las necesidades espirituales que adquieren mucha importancia en la segunda mitad de la vida. Por eso es que Jung explica que la neurosis tiene su origen en “una incapacidad para resolver un problema actual siendo una actitud mental que puede hacerse permanente y agudizarse más y más cada día”. Las causas de la neurosis no deben buscarse sólo en el pasado del individuo sino también en su presente, porque puede suceder que su libido no esté consiguiendo que esa persona supere los obstáculos que la llevarían a un nuevo estado de desarrollo, anhelado por su conciencia.

El concepto de “complejo” es un hallazgo junguiano. Se denomina así a una manifestación en lo inconsciente personal, cuya raíz se encuentra en lo inconsciente colectivo y que requiere la intervención de un fenómeno de represión para producirse. Jung expresó respecto a los complejos que: “...brotan del inconsciente e invaden la mente consciente de obsesiones e impulsos desconcertantes e inexpugnables... ... es un error deplorable considerar la psique humana como algo meramente individual y estudiarla tan solo desde un punto de vista personal. Semejante explicación no puede admitirse sino en lo que respecta a las relaciones y quehaceres cotidianos y ordinarios del individuo”.
Más allá de estos conceptos, fundamentales para entender la obra de Jung, es preciso mencionar a dónde apunta el proceso terapéutico desde la perspectiva junguiana. La meta del análisis en este caso es la “individuación”, o integración de los opuestos que conforman la psique. Lograr individuarse es haber conseguido el estado particular de amplificación de la conciencia que permite que todos los aspectos del psiquismo se relacionen armónicamente. Se debe tener en cuenta que la individuación en sí misma es más una búsqueda que una realización posible, y que el análisis junguiano es uno de los caminos que se pueden utilizar como proceso para alcanzarla. Jung consideraba que la vida humana tiende a una finalidad y que la neurosis tiene por objeto impedir .esta natural evolución hacia la concreción del “proyecto trascendente de vida”, y es por este motivo que, a su juicio, sólo Buda y Jesús habían conseguido esto y que, tal vez, otros sólo obtuvieron su individuación después de la muerte. El análisis junguiano, entonces, es una especie de “entrenamiento” tendiente a disolver los esquemas de conducta que perturban la realización de las acciones necesarias para que los deseos positivos de vida tengan concreción.





Antonio Las Heras y Silvina L. Mazal

http://www.elsigma.com/introduccion-al-psicoanalisis/algunos-conceptos-esenciales-de-la-psicologia-junguiana/11608